La batuta de Juventudes Musicales en León

El profesor de guitarra Juan Luis García dirige desde hace veinte años la asociación Juventudes Musicales de la ciudad, que integra un coro juvenil, el Coro Ángel Barja y la Banda de Música y Orquesta JJMM-ULE

Juan Luis García
El profesor de guitarra en el Conservatorio charla en el Bar Belmondo

Con un tío viviendo en Alemania como profesor de guitarra, no es de extrañar que al pequeño Juan Luis García (Cistierna, 1966) le sedujera aquello de hacer vibrar las cuerdas situadas sobre una caja de resonancia. Cada vez que su familiar volvía de visita a tierras leonesas, Juan Luis se sentaba sobre sus rodillas y «ponía los dedos sobre la guitarra». El primer recuerdo de un amor, la música, que hizo que pronto comenzara a tomarse en serio aquello de aprender a leer partituras. Por eso entró en el Conservatorio de la ciudad primero y cursó el Grado Superior en Barcelona después.

Quiso el destino que pronto regresara a León, gracias a «una oferta de trabajo para dar clases de guitarra en las aulas de música, así que volví». Han pasado veintisiete años desde que se convirtiera en docente. Casi tres décadas dedicado a formar musicalmente a los jóvenes pero, sobre todo, a enseñarles una actividad de infinitos beneficios que, tal y como le ocurrió a él, es muy fácil acabar por amar.

¿Cómo fue tu primera experiencia con la orquesta del Conservatorio?

Pues precisamente no tenía experiencia, pero sí ganas e instinto. Me di cuenta que tenía que formarme porque había muchas cosas que desconocía y necesitaba saber. Tuve la suerte de encontrar unos seminarios de dirección para orquestas jóvenes organizados por Juventudes Musicales en Alemania, allí aprendí a trabajar con orquestas formadas por gente joven.

¿Y cómo nació la orquesta de Juventudes Musicales de nuestra ciudad?

Comenzaron a surgir muchos problemas y hablé con los miembros de la orquesta, les sugerí constituirnos como asociación y funcionar al margen del centro. Estudié las opciones de organizarnos como entidad propia y encontré la posibilidad de integrarnos en Juventudes Musicales de España, como sede local. Eso nos permitía entrar en una red de asociaciones dedicadas a la música a través de la juventud y nos daba algunas ventajas. Como poder participar en los ciclos de conciertos de ganadores del concurso de Juventudes Musicales, que es el más importante y completo certamen de jóvenes músicos en nuestro país, porque abarca todas las especialidades instrumentales, más música de cámara y canto. Actualmente, integra también jazz, flamenco y, en colaboración con la SGAE, composición.

¿Cómo surge el movimiento de Juventudes Musicales, a nivel nacional?

Nació en Bélgica, en plena Segunda Guerra Mundial, como forma de ofrecer a la gente joven una salida a una situación de guerra, a través de la música. Ese movimiento se extendió después por toda Europa y actualmente está reconocido como el movimiento juvenil más importante del mundo, con sedes en todos los continentes. Actualmente se celebran intercambios entre países y actuaciones como la opera Brundibar (Hans Krasa, 1938), representada originalmente en un campo de concentración por niños judíos. También patrocinamos la inclusión de jóvenes ganadores de nuestro concurso en festivales nacionales e internacionales, como el Festival Internacional de Órgano de nuestra ciudad.

 

El director de Juventudes Musicales, en un momento de la conversación con FMO Cultura

¿Cuándo comenzó la colaboración con la Universidad de León?

 

En octubre de 1998 fundamos Juventudes y en enero de 1999 firmamos un convenio de colaboración cultural, por el cual la orquesta pasaba a ser la orquesta universitaria. Cuando desapareció el coro de la Universidad de León, que dirigía Samuel Rubio, recibimos el encargo de crear un coro. Así nació el Coro Ángel Barja. Además, tenemos un coro juvenil formado por voces de alumnos de Secundaria y Bachillerato.

Actualmente, ¿cuántos miembros forman parte de Juventudes Musicales?

Entre los dos coros y la orquesta, seremos cerca de ciento setenta personas. Ensayamos cada semana, generalmente un día, pero depende de los proyectos en los que estemos metidos, si hay alguna actuación próxima o alguna colaboración entre banda y coro, por ejemplo. También colaboramos con otras formaciones, como el Coro Cappella Lauda o la Orquesta Ibérica (formación residente del Festival de Música Española de León). Habitualmente, participamos en actos institucionales como la inauguración del curso universitario, el patrón San Isidoro o los Honoris Causa, así como las fiestas patronales de las distintas facultades. También tenemos un concierto de Navidad y de final de curso.

¿Existe algún requisito especial para formar parte de las agrupaciones?

No pedimos grandes instrumentistas, sino que la gente sea autónoma con el instrumento: que sean capaces de leer música, tocar y acoplarse al funcionamiento de una agrupación. Adquirir el compromiso de prepararse la partitura, acudir a los ensayos… Obviamente, hacemos pruebas a los cantantes para organizarlos según su voz.

«La práctica musical es muy beneficiosa, no solamente en el ámbito espiritual, sino también social»

¿Qué aporta a los jóvenes ser miembro de alguna de las agrupaciones?

La práctica musical es muy beneficiosa, no solamente en el ámbito espiritual, sino también social. Los jóvenes encuentran una práctica creativa, no destructiva. Además es colaborativa, el beneficio es mutuo para todos y no se busca la competencia. Personalmente estoy en contra de la idea de que la excelencia solo se consiga a través de la competitividad máxima, en el ámbito de las artes no creo que sea lo que mejor funciona. Al formar parte de una agrupación, los que peor lo hacen aprenden de los otros y, los que mejor, aprenden a ayudar a los demás. Con el tiempo, la evolución de cada miembro es enorme. La única presión que tienes es contigo mismo, de hacerlo cada vez mejor, no es que tengas que destacar por encima de los demás, sino que has de ser capaz de hacer algo fundible con el resto. Destaca el grupo, no destacas tú. Cuando afinan bien y son capaces de reproducir la intención del compositor o los matices de la partitura, el resultado personal es brutalmente reconfortante.

¿Cómo eliges el repertorio al que se enfrentan?

Intentamos trabajar obras asumibles pero que tengan un punto de reto. Este año, por ejemplo, estamos tocando una sinfonía de Mozart muy bonita pero que tiene partes que exigen concentración e imaginación, no es algo que se toque sin más. Hacerlo en grupo es la mejor forma de conseguirlo.

¿Qué tenéis previsto para el año que está a punto de entrar? ¿En 2019?

Vamos a montar una zarzuela, sería la segunda que hacemos con la orquesta, en colaboración con el taller lírico del Conservatorio. Vamos a hacer El barbero de Sevilla pero, no la ópera, sino una zarzuela que explica las vicisitudes de los cantantes y músicos. Por otra parte, el coro juvenil se va a presentar en febrero en el concurso de Candás y el Coro Ángel Barja va a preparar el Stabat Mater, una obra religiosa muy bonita, junto al coro y la orquesta de la Politécnica de Madrid que dirige el director del Coro RTVE, Javier Corcuera, quien el año pasado impartió un taller coral. Además, como la banda cumple veinte años, es posible que planteemos la grabación de un nuevo disco.

«Las grandes orquestas profesionales son técnicamente imbatibles, pero en las jóvenes orquestas hay una cuestión musical emocional que es muy importante»

Y a ti, ¿qué te aporta dirigir Juventudes Musicales?

Como mejor me lo paso es haciendo que la gente joven haga música. Por eso me gusta recurrir a obras de grandes compositores cuando eran jóvenes, porque son piezas de una época en las que los grandes nombres de la música también estaban descubriendo muchas cosas. Las grandes orquestas profesionales son técnicamente imbatibles, pero en las jóvenes orquestas hay una cuestión musical emocional que es muy importante. Para mí es una cuestión vocacional. Por eso, cuando me preguntan, no me considero músico. Me considero docente.