La Universidad de hoy en día “vende muchas motos”

Francisco Sosa Wagner realiza una crítica picaresca de la Universidad española en su último trabajo ‘Novela ácida universitaria’. Con sus reflexiones no deja indiferente a nadie. También analiza el momento que vive la ULE y la situación política nacional

El mundo universitario “está lleno de palabrería”. Es habitual escuchar de boca de rectores consejeros o ministros de Educación mensajes en los que se habla de excelencia, competitividad, autonomía, Máster…, pero “todo esto es una soberana estupidez”. El profesor Francisco Sosa Wagner habla sin pelos en la lengua sobre un sistema que conoce a la perfección.

En su último trabajo ‘Novela ácida universitaria’, subtitulada ‘Aventuras, donaires y pendencias en los claustros’, se muestra muy crítico con la Universidad española, pero “siempre con sentido del humor”, ya que “escribí hace unos años un ensayo serio sobre el deterioro al que se ha llegado en las universidades españolas: ‘El Mito de la autonomía universitaria’; y a pesar de que se vendió bastante bien nadie me hizo caso. A ver si tratándolo de forma humorística lo tienen más en cuenta”, afirma el que fuera eurodiputado de 2009 a 2014 con una sonrisa tan pícara como su nueva novela.

“Es un libro de ficción, los personajes son inventados, pero claro que son casos vividos y contrastados” a lo largo de toda su carrera como docente. Tanto es así, que desde que este último texto viese la luz son varios los trabajadores universitarios de toda España, “que ni siquiera conozco”, que le han escrito para contar que ellos también han vivido situaciones similares a las que se leen en la novela.

“Al mismo tiempo que se habla de excelencia, el profesorado tiene la misma movilidad que el Doncel de Sigüenza. Está vinculado a su zona, al lugar en el que ha estudiado. En la facultad en la que se licenció o graduó hace su tesis doctoral, y desde ahí aspirar a ser profesor titular. Antes era habitual que un catedrático cambiase de ciudad, pero ahora el que está allí te cierra las puertas. ¿Cómo se va a conseguir así la excelencia?”, se pregunta un Sosa Wagner que sigue sin dar crédito cuando habla del tema. En esta novela aparece un caso muy llamativo sobre este asunto: “A un puesto de profesor titular opta un pobrecillo local y un señor que lleva años trabajando en un instituto de investigación de París, y que al conocer la disponibilidad del puesto intenta regresar a su ciudad tras muchos años fuera; pero el que se queda con la plaza es el menos formado, ya que se encuentra, in situ, en el lugar, y así puede manipular el sistema con más facilidad”.

Asimismo, se muestra muy en desacuerdo con la implantación de los másteres, porque “ha reimplantado la diferencia de clases en la universidad pública”. Ahora, después de acabar el grado, “un alumno puede hacer un máster de 2.000 euros o de 20.000, pero hay que hacerlo para completar la formación universitaria, y no va a tener las mismas opciones en el mercado laboral alguien que hace un postgrado de 2.000 que el que lo hace de 25.000. Antes acababa con el mismo título el hijo de un agricultor que el de un médico”.

La composición de tribunales, los cuales son elegidos por las personas que van a ser examinados; las elecciones a rector, las prebendas que consiguen los que apoyan al candidato vencedor, los cargos a dedo del nuevo mandamás; el negocio de las universidades privadas… Estos y otros muchos temas se tocan en ‘Novela ácida universitaria’, un texto que sacará una sonrisa al lector, ya sea universitario o no, “porque todos conocemos a alguien que está o ha pasado por la Universidad, como estudiante o trabajador”.

Universidad de León

Catedrático de la ULE durante buena parte de su vida, Francisco Sosa Wagner tiene claro que “en una universidad pequeña como es esta no se puede dar alpiste para todos, y se lo he dicho a muchos rectores, sobre todo a los que más he querido”. “Ahora se habla de especialización, pero no es posible, porque si no no hay posibilidad de pagar favores”. Este Premio Miguel Delibes no duda a la hora de aseverar que “se tiene que apostar por dos faros, poner ahí todo el dinero necesario y todos los medios posibles; después, lo que sobre, para el resto. Yo no soy quién para decidir cuáles deben ser las apuestas, pero, por ejemplo, en una ciudad como esta, Historia del Arte Medieval y algo relacionado con la veterinaria, que es una facultad que viene de mediados del XIX”. Si esto fuese así, “un tipo de Estados Unidos debería saber que si quiere conocer más sobre la historia del arte medieval tiene que venir a León sí o sí”.

Situación política

Hasta hace menos de un lustro estuvo vinculado a la política, pero “ahora, como jubilado, sólo me dedico a leer y escribir”, aunque también se ha aficionado al pilates. Por su reciente pasado es una voz autorizada para hablar sobre el panorama político y social actual: “Los políticos se dedican a insultarse y levantar la voz, y quedan en un segundo plano los asuntos importantes del país, y eso no puede ser. El líder político tiene un altavoz muy grande, tiene una responsabilidad pedagógica con la ciudadanía y no la lleva a cabo, no explica las cosas; por ejemplo, si se quiere rescatar la autopista de Astorga, a lo mejor hay que explicar a los vecinos que tienen que quedarse sin un centro de salud, un colegio o un polideportivo, porque eso vale dinero, pero cada uno dice lo que los suyos quieren escuchar. Nos toman por tontos. Simplifican los mensajes hasta llegar al infantilismo. La sociedad tiene unos individuos más listos, otros más formados, otros menos, pero la política actual se dedica a empañar la mirada a las personas menos formadas”.